España

El pueblo español es una mezcla de los pueblos indígenas de la península Ibérica con otros que fueron conquistando sucesivamente su territorio, ocupándolo durante diferentes periodos de tiempo. Estos elementos etnológicos engloban a los celtas, un pueblo de la Europa atlántica, a los iberos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, todos ellos pueblos mediterráneos, y a los suevos, vándalos y visigodos , pueblos germánicos. También están presentes los elementos semíticos, en especial de origen árabe y judío. Hay varios grupos lingüísticos en España que han mantenido una identidad cultural propia. Entre estos se encuentran los vascos, cuyo número es de unos 2,7 millones, los gallegos, que son unos 2 millones, y los catalanes, que ascienden a 6 millones. Los gitanos, esparcidos por toda la geografía española, forman un importante pequeño grupo étnico con acusada personalidad.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS SOBRE EL TRAJE EN CANTABRIA

En este apartado vamos a comentar brevemente el desarrollo y la evolución que sufrió la indumentaria cántabra en tres épocas concretas, sobre todo, por la aportación de documentos, tanto escritos como gráficos que se poseen.

ÉPOCA ROMANA

Gracias a los historiadores latinos y griegos que escribieron sobre la península en época romana, podemos conocer a grandes rasgos cómo vestían los pobladores de nuestra región y de la comarca de Campo. En líneas generales las descripciones que nos dan no beben ser creídas en su totalidad, ya que muchas veces se extrapolaba de otras zonas más conocidas a regiones menos conocidas, como es el caso de Cantabria. El geógrafo e historiador Estrabón , es, sin duda alguna, el que más a escrito sobre las costumbres de los pueblos del Norte de España y entre ellos Cántabros y Astures destacan por la sensación, que al parecer causaron las historias que contaban de ellos los viajeros de la época o los legionarios de Roma. El traje de los cántabros presenta muchas semejanzas con los de otros pueblos de la misma cronología, pero leyendo la descripción que Estrabón hace de ellos, nos da una base fundamental para comprender cual va a ser el desarrollo de los vestidos en otras épocas. Esta base fundamental es el material y el color que emplean. La lana, el cuero y la madera. Los tintes naturales: ocres, marrones y sus derivados al mezclarlos. Lo más destacado es el uso de abarcas, bien de madera o cuero, lo que demuestra una utilización muy frecuente, antes y en siglos posteriores, de un calzado tan útil para el campesino como éste. La mujeres en ésta época utilizarían como vestido túnicas y capas de vasta lana.
La pervivencia de estas costumbres en la indumentaria en épocas posteriores es más difícil de rastrear, pero lo normal es que una vez romanizados la moda imperial se impusiera entre los pobladores de Cantabria, al igual que el cambio de nombre por otro más culto, más latino. La moda romana adaptada a éste valle se caracterizaría por las túnicas de lana o paño, sin descartar el uso de las abarcas que citaba Estrabón.

EDAD MEDIA

Los inicios de la Alta Edad Media en nuestra región y más en nuestra comarca, se nos presentan oscuros, con la salvedad de restos arqueológicos en el sur o asentamientos en lomas en la zona central del valle de Campo, (zona de repoblación, siglos VII-IX). Durante el periodo visigodo, la moda se caracteriza por la pervivencia de formas antiguas, romanas, y la incorporación de túnicas y “bragas” masculinas de origen germánico. Esta aportación visigoda debe ser tratada con cautela, al no tener vestigios en la zona y sólo por extrapolación de otras zonas a ésta. Pero la ropa campesina no distaba mucho de la empleada en otras partes de España y Europa, camisas de hilo gordo hasta las rodillas y sayos de lana.

Durante la Baja Edad Media, los datos que tenemos se suelen encontrar en representaciones artísticas en capiteles, bajo relieves, pinturas al fresco, etc. Campo y su zona de influencia poseen un buen repertorio de esta documentación escultórica, Cervatos, Sta. María de las Henestrosas, Mata de Hoz, La Loma, S. Martín de Elines, etc. La forma más común de vestir, y dadas las inclemencias metereológicas, es de forma sobria, sin adornos, atendiendo a una función precisa: mantener el cuerpo caliente. De nuevo la túnica, el sayo, y el jubón gordo hasta la cintura o incluso, como en Campo, hasta las rodillas. El carácter pastoril sería el predominante en Campo y la indumentaria la más cómoda posible. Durante la Edad Media, lo más destacado son los tocados femeninos, normalmente el pelo recogido o cubierto con pañuelo o montera como se puede apreciar en algún canecillo de Cervatos.

EDAD MODERNA

Es en esta época, siglos XV-XVII, cuando la indumentaria cántabra tenía rasgos originales y se empieza a perfilar como va a ser el traje regional. El hombre vestía con una capotilla de dos haldas, de rasgos arcaizantes, montera y abarcas, las piernas desnudas. La mujer tenía un atuendo más complejo, vestidos de lino, con camisa y sayas fruncidas, o bien cuerpos de paños; a diario descalzas en días de fiesta usaban medios botines; las casadas presentaban la cabeza descubierta o se la cubrían con un turbante alto (sentido fálico) y las solteras rapado el pelo, demostrando así, su virginidad. Las descripciones de estos trajes que van variando a lo largo de estos siglos por la incorporación de modas cortesanas, se pueden ver en los grabados que sobre Santander y la montaña hizo el grabador alemán Franz Hogenberg en 1565, sobre dibujos anteriores de Braun de 1548, recogidos en el libro Civitates Orbis Terrarum donde se puede ver tres mujeres con sus trajes típicos, dos casadas y una soltera. Lucen sayas largas, hasta los tobillos y un calzado cerrado. Los capiruchas o tocados de mucha altura son anteriores al siglo XV, tal vez anteriores al cristianismo, por su exceso paganismo fueron prohibidos por la iglesia. Durante el reinado de los Austrias, la moda para hombres y mujeres estaría influenciada por la austeridad de la corte, aunque nunca influyó demasiado en la indumentaria del ámbito rural.

EL TRAJE REGIONAL CAMPURRIANO

Antecedentes históricos
Entendemos por traje regional al vestido que se empieza a utilizar en el siglo XVIII (1750) y hasta el siglo XIX (1880). Para otros autores la época en la que se desarrolla el traje regional va de 1770 a 1870. Después de la última fecha dada, alrededor de 1860 y años posteriores, el traje regional, tal como le conocemos hoy, cae en desuso, sobre todo por que surgen modas más cómodas y el desarrollo de la industria, que hace que se “abandone el campo”. El status social en los pueblos ya no le marca un traje, pierde su significación social o económica, sino lo que prima ahora son los “estudios”, o el dinero que se posea o el haber salido de la rutina del pueblo y del campo por la aventura de la ciudad o de ultramar. Ante esta nueva etapa de la historia, los trajes regionales no significan nada, simplemente un recuerdo del pasado que en algunos lugares pervive como tradición en romerías o fiestas.

Desarrollo y evolución

La evolución económica de Reinosa favorece el progresivo abandono del traje regional del siglo XIX, y van apareciendo nuevos elementos en la indumentaria que reflejan ese cambio, como el sustituir la blusa campurriana por la montañesa o vasca. La zona de Campo tiene influjos tanto castellanos, como asturianos en su forma de vestir. Por lo tanto, se podría hablar en ciertos aspectos en la indumentaria campurriana, de homogeneidad con regiones limítrofes, sirva de ejemplo el uso del chaquetón con cuello alto y solapa triangular, igual que en Galicia, Asturias, Cantabria, hasta penetrar por Soria. También, y mencionando el material, a la chaqueta campurriana se la puede buscar paralelos en todas las zonas de valles altos, tanto cercanas como alpinas, ya que la única condición que tienen es que sea sobria y que sus materiales sean consistentes para aguantar el frío, lanas, paños gordos y colores pardos. .

El traje femenino, no ha cambiado tanto desde el siglo XVIII, manteniéndose hasta el siglo XIX más o menos igual. Es también similar el traje de mujer en toda la zona cantábrica, como asegura Luis de Hoyos, que mantienen el rodao como falda de paño gordo, y el dengue o mantelo, para el busto. Y el pañuelo anudado y ceñido a la cabeza.

El traje del hombre, que al igual que el de la mujer procede del siglo XVIII, evoluciona algo en el siglo XIX, pero esta evolución no es significativa, simplemente cambian algunos complementos; escarpines con menos lengüeta; el diseño de chaqueta y chaleco con solapas menos puntiagudas en la segunda mitad del siglo XIX, que a principios del mismo siglo. También pueden variar las presillas de atar los calzones, (por la apertura en la zona de la rodilla) por trabillas, éstas más modernas. En definitiva son pequeños detalles, que como es natural, no presentan rasgos de diferenciación entre vestidos de diferentes épocas.

Aunque la bibliografía es escasa, los datos que se tienen sobre el traje campurriano pueden variar, como es el caso de la versión que da José Calderón Escalada, de las alpargatas femeninas, esa descripción (atar en espiral y alpargata) no la da ninguno de los libros consultados, sino que la descripción del calzado es la de un zapato bajo con agujeros, sin ojeteros, por los que pasa una correa, o bien escarpines altos, abiertos por delante y ajustados con cintas, o bien, abiertos por los lados y abrochados con broches y el uso de albarcas. Esa descripción de las alpargatas se puede ajustar más a la que se empieza a utilizar en toda la montaña a partir de las primeras décadas de este siglo, cuando también se utilizaba la falda roja.

La utilización del traje regional y del campurriano parece que se extiende en una época concreta, unos cien años, pero la pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué se desarrolla ese tipo claro y definido de traje y no otro? Una pregunta que habría que buscarla en épocas anteriores, tal vez durante el siglo XVI-XVII, en el que el traje se estaba formando y comenzaba a tener su propia entidad, una identidad marcada por el carácter de los campurrianos (sobrios y pragmáticos, que buscan soluciones concretas a sus problemas, en este caso el frío y su labor agrícola-ganadera) y como consecuencia de utilizar los recursos disponibles en la zona. Es fácil suponer que el utilizar chaqueta gorda de paño, con un gran desarrollo de las solapas, no se inventa en 1750, su origen hay que buscarle antes. La influencia de los trajes castellanos o asturianos es inevitable, ya que hay elementos comunes en la propia vida de los campesinos de esas zonas. Esto no significa que el traje nazca en un lugar determinado y se extienda, aunque pudiera darse el caso que una determinada forma de vestir se expandiera de su lugar de origen e influyera a otras regiones.

Lo normal es que a condiciones iguales se hayan empleado los mismos recursos, muchas veces como una misma solución a los problemas (esta idea simplemente desde el punto de vista materialista, sin entrar en disquisiciones sobre la función del traje en una sociedad). El valle de Campo al ser abierto, y paso obligado hacia el mar, es un buen lugar de “caldo de cultivo” para intercambios y contactos con otras zonas, estos flujos y reflujos de ideas, es de suponer que modificaron la conducta de los hábitos campurrianos, y en consecuencia, también de su indumentaria, que empieza a tomar un carácter más claro, acercándose al verdadero traje campurriano de calzón o “bragas ” cortas con “trampa” para el hombre, camisa de cuello alto y montera tipo amitrada, pariente de la asturiana y cercana a la lebaniega, que según Cotera, es la más alta de la península teniendo 30 cm, aunque, según Julio G. de la Puente, la campurriana es de tipo castellana de también 30 cm de altura. También hay que destacar que el tipo calzón corto es utilizado por otros pueblos europeos, alemanes, suizos, austriacos, todos ellos de zonas de montaña con un clima bastante riguroso.

A finales del XVIII y principios del siglo XIX, Reinosa y todo el valle, se abren mucho más hacia la meseta castellana, sin duda favorecido por el camino Real (desarrollo de la carretería, Palencia-Alar-Reinosa) que pasaba por estos lugares y por la incorporación de las pequeñas industrias reinosanas, (surgidas gracias al desarrollo económico del valle), al comercio con otros puntos. La carretería modificó los hábitos campurrianos, pero pensamos que aún es pronto para una “modernización” de costumbres y vestimenta, para que suceda esto nos tendremos que acercar a finales del siglo XIX, con la implantación del ferrocarril.

Los carreteros vestían de una forma totalmente diferente a la de sus vecinos, tal y como lo describe el costumbrista reinosano Demetrio Duque y Merino, (esta descripción tan sólo debe servir para el carretero, que quizás estaba retratado de una forma menos “pueblerina”) Los habitantes de la zona campurriana seguirían vistiendo de la misma forma, porque la ropa en esas épocas podía durar más de un siglo; además la confección de la vestimenta se hacía en casa o bien se repartía el trabajo entre familias. Esta costumbre de confeccionar el traje en casa, es recogida por varios autores, que mantienen que es preferible hacer un traje bien de una vez que no hacerlos más a menudo. Esto también se recoge en varios testamentos de la época, donde el traje es parte de los bienes a legar, incluso se cita el estado de conservación del traje. Con estas pocas innovaciones, es lógico pensar que le traje paso de generación en generación con un patrón ya prefijado antaño que se repite, a veces se incorpora algún elemento nuevo, como las trabillas del calzón que sustituyen al abotonamiento, o en la propia montera, que al hacerse puede cambiar el engrudo por hilos metálicos que la hacían estar derecha.

La evolución del traje campurriano finaliza más o menos en la última década del siglo XIX y principios del XX, como consecuencia de dos factores determinantes: el primero es el desarrollo del ferrocarril que llega a Reinosa a mediados del siglo XIX, y este factor, conjuntamente con los avances que trae consigo en técnicas, en intercambios de ideas, hacen que en la población se vayan introduciendo nuevos adelantos, como el pantalón, las camisas, las chaquetas tipo “americanas” de pana, paño más fino etc. Para las mujeres hay un amplio abanico de ropa que hace que se sustituya rápidamente la pesada saya con sus manteos de sayalete, por faldas menos pesadas. El frío, que parece ser factor determinante para que se empleara ese tipo de ropa, es ahora vencido por capas tipo ferroviaria, o abrigos de paño o lana.

El segundo factor que determina los cambios en las primeras décadas del siglo XX es la llegada a Reinosa de La Factoría de La Sociedad Española de Construcción Naval, que hace que afluya personas de todos los rincones de España, principalmente de la meseta castellana, favoreciendo así, que los hábitos en la indumentaria, en la forma de pensar, se transformen velozmente como siempre pasa con una industria de esas condiciones que hizo que la población se doblara en tan sólo 10 años. De esta forma, cuando el mundo rural de Campo entra en contacto con las ferias, ya no se va a encontrar con los útiles que existían antes, sino que ahora va a existir muchas más innovaciones, más utensilios, más ropa.

A partir de 1930, el traje regional cántabro se tipifica bastante: alpargatas blancas encintadas, blusa y pañoleta o chaquetilla negra, faldas rojas o de otro color, cortas hasta la rodilla, con grandes cintas de terciopelo negro, este traje mucho más “folclórico” es el que más extiende, y se utilizará para las ferias y las fiestas. El hombre empezará a utilizar atuendos más comunes, pantalones de pana o paño de color negro o pardo, camisa y chaqueta con chaleco, incluso, a veces, la boina de origen vizcaíno, todo ello rematado con fajines de color rojo a la cintura. El elemento que más ha perdurado han sido las albarcas de tipo campurriano o de “pico entornao” y su variante “pico de cuervo”, mucho más vuelto que las anteriores y el “palo pintu”, acompañante como complemento en toda la región.

Este tipo de vestimenta es la que hasta hace poco se utilizaba en casi toda Cantabria, una vestimenta menos “racial” que la típica regional de cada valle. Esta uniformidad puede estar creada por la fuerte conexión que tuvimos con Castilla-León, que impidió que muchas tradiciones perduraran, y las que quedaron fueron recogidas por la sección femenina de Falange. Desde los años 80, se esta viendo una progresiva recuperación del traje regional, tal y como lo demuestra la Asociación para la Defensa del Traje Regional. La importancia del traje no radica en él mismo, si sólo se recupera el traje, estaremos perdiendo el tiempo, ya que nunca podremos saber el significado que tuvo, o si marcaba una diferenciación económico-social con respecto a su ámbito rural o con valles próximos, o bien si el traje de gala era un intento de llegar a emular a los más ricos del pueblo, etc. Así, el traje debe ser tenido en cuenta como materia para un estudio más riguroso de una época, de su formación y las conexiones que se puedan establecer entre diferentes lugares, hasta formarse ese traje tal y como hoy es.

EL TRAJE CAMPURRIANO Y SU FORMACIÓN

SIGLOS XVIII-XIX
Como hemos visto el traje campurriano tiene una existencia limitada en el tiempo a cien años. Durante esa época el mundo rural cantábrico estaba viviendo un momento de apogeo debido al desarrollo de los “nacionalismos” y de personas interesadas en recoger las tradiciones y la forma de vida de esos campesinos, siglo XIX. Así es como presenciamos en Cantabria y Campo, un fuerte desarrollo de “investigadores”, escritores realistas, costumbristas, y fotógrafos como Atkinson, Laurent, etc. Este momento crucial, es el que ha permitido que a principios del siglo XX, haya una extensa documentación (no la que nosotros desearíamos) sobre las tradiciones y las costumbres de los ámbitos rurales, como exponente de una tradición a salvaguardar (sería el inicio de un cierta tendencia regionalista). Estos hombres son los que han impulsado en cierta medida estos estudios, en un momento en que la prehistoria, la antropología, la geología, etc. se estaban formando.

El traje que ha perdurado hasta nuestros días, como casi siempre, es el de fiesta o gala, y este es el que ha pasado como traje regional.

EL TRAJE DE DIARIO

Tal vez lo más difícil de rastrear sea la vestimenta que utilizaban en el trabajo, sin duda alguna su trascendencia es pequeña y sería un modelo que se repite en todas las partes de la región, durante todas las épocas. Como hemos dicho la importancia y la trascendencia la tendría el traje de gala.

El traje femenino
Durante el siglo XVIII y XIX, el traje femenino ha cambiado muy poco con respecto al masculino. Las mujeres se encargarían de realizar y confeccionar los trajes, incluso puede darse el caso de repartición del trabajo entre varias familias, típico de momentos preindustriales. El cardado, la hila, la confección y el batanado de la lana u otro material correspondería a una misma familia. La mujer campurriana en estos momentos luciría a diario una camisa larga de corte cuadrado, sin adornos, hasta los tobillos de lino vasto, esta camisa era toda la ropa interior, siempre iba a “cuerpu libri”.

Para cubrir la camisa utilizarían una saya de lana, paño o bayeta hasta el tobillo; también podían tener uno o varios manteos de sayalete de diversos colores, naranjas, rojizos, etc. que les utilizarían como falda de diario, (pero nunca debajo de la saya principal, esto lo podrían hacer en las fiestas, pero aún así sería difícil de explicar que se pusieran varios manteos debajo de la saya). Para tapar el busto solían ponerse un refajo de vasto lino o estopa y encima de éste una pañoleta por los hombros, cogida por los picos en la zona delantera (pudiera darse el caso que en el delantal, aunque según Julio de la Puente no lo utilizaban antiguamente). El atuendo femenino se complementaría con escarpines y albarcas, aunque también cabe la posibilidad de que en casa fueran descalzas. La cabeza la cubrirían con un pañuelo atado en la parte superior dejando dos picos, y suelto en la parte trasera. Raramente las mujeres se descubrían la cabeza, por eso, en las zonas norteñas es muy raro que lucieran adornos, sólo una o dos trenzas, generalmente colgantes, o recogidas, jamás con flores y sólo alguna vez con cintas. En los días de invierno se pondrían medias de lana hasta las rodillas, varios manteos y la saya; para el cuerpo un dengue de lana vasta y camisa gruesa. Las mujeres en esta época no tendrían muchos vestidos, por eso tendrían que alternar el traje de gala con los de diario, por esa razón la saya que cubre los manteos no debe ser una prenda diaria, muy al contrario sólo se pondría en ocasiones especiales o en momentos de intenso frío, aunque no hay datos suficientes, debería existir una saya burda o rodao, para el trabajo en el campo.

El traje masculino
Los hombres durante los siglos XVII al XIX, utilizarían para el trabajo diario un ropaje sin grandes adornos, totalmente utilitario y destinado a su misión, que podría ser la de ganadero, campesino o alguna profesión no relacionada directamente con el campo, carpintero, herrero, sastre, etc. La ropa de faena tenía que ser cómoda, destinada a un uso concreto, andar por los montes y por los campos. El hombre vestiría una camisa larga de estopa. Para cubrir las piernas unas “bragas” o calzones hasta la rodilla con alzapón y trampa, para atarlo botones, el material más probable era el lienzo de peñasco, tejido muy duradero que serviría para muchos años; otra posibilidad es que la camisa se recogiera entre las piernas y se formase con ella una especie de “pantalón corto”. Para cubrir las piernas vestirían polainas de lana o bien “peales” del mismo género. Las albarcas serían, junto con los escarpines, el calzado más habitual para las faenas diarias. El traje de trabajo es sin duda el más difícil de rastrear, no sólo por que de él no se haya conservado nada, sino por que su trascendencia cultural es nula. Por cuadros antiguos y haciendo paralelos con oras zonas de España o Europa, los miembros de comunidades rurales se preocuparían poco de su traje de faena, estos retratos colectivos de corte costumbrista se pueden apreciar, y sirvan como ejemplo, en los lienzos de Brueghel el viejo, que refleja la sociedad rural del siglo XVI-XVII, esta sociedad campesina no distaría mucho, en los días de trabajo, de la descrita por el pintor para el valle de Campo. Aunque es dificultoso realizar este estudio, en Campo los hombres lucirían prendas de pardomonte, un paño ordinario que se utilizó mucho en el siglo XVIII para la confección de capas. La capa sería otra de la prenda que utilizarían los campurrianos en los días de diario en momentos de frío. La montera o “picota” campurriana se utilizaría como complemento para preservarse del frío, esta montera de gran altura también tenía una misión de diferenciación entre los habitantes del valle y los de otro, sobre todo, cuando se llevaba el ganado de forma trashumante; o bien, como distintivo, para que se viese a la persona en los montes en caso de niebla.

EL TRAJE FESTIVO

Este es el punto más importante y el más difícil de interpretar. Los etnógrafos y folkloristas señalan que el traje de fiesta es el que va a pasar a ser el traje regional en todas las provincias españolas. No obstante, este traje tan utilizado durante el siglo XVIII y principios del XIX, deja de ser utilizado en fiestas o en actos religiosos importantes a mediados del siglo XIX. En Campo, esta idea parece que se fragua cuando la carretería se introduce en el valle y con ella las innovaciones y nuevas “modas” en el vestir. El escritor costumbrista Duque y Merino, así lo atestigua en muchos de sus artículos y cuentos, cuando describe a una sociedad aldeana en fiestas que no utiliza montera, sino: sombreros la mayoría, boinas pocos, cachuchas algunos (especie de gorra). También, y siguiendo con Duque y Merino, las pandereteras del cuento lucen “saya corta”, las “romeras” vestían chambras (vestidura corta a modo de blusa que usan las mujeres sobre la camisa), con faralares (Volante, realizado con tafetán que rodea las basquiñas (saya negra sobre la ropa interior), briales y las enaguas); los hombres utilizan un treno del mismo paño fuerte, blusa, chaqueta o americana, y esto lo describe como lo propio de los aldeanos. Esta descripción es de 1888, y parece que los gustos han cambiado mucho con respecto a mediados del mismo siglo o incluso antes. La descripciones de Duque y Merino, pueden adolecer de un intento de aproximarnos a un “mundo más culto” que el que era en realidad, ya que pone mucho cuidado en el lenguaje y en el ambiente que quiere reflejar, pero las descripciones de trajes o lugares son simplemente un pincela alejada de las descripciones posteriores que sobre el traje campurriano se tienen.

El traje de fiesta campurriano, como hemos dicho anteriormente, es una realización casera, algunos elementos de decoración se podían comprar en las ferias de Reinosa o a buhoneros itinerantes (botones, terciopelos). Aunque los paños de lana y de lino se hilaban y se tejían en el propio hogar, los más corrientes eran los de Astudillo (en casos especiales), pardomonte y paños de lana batanada. Para las camisas, tanto de hombre como mujer, el material preferido era el hilo de estopa, para las partes más delicada estopilla. Con estos materiales el traje se confeccionaba siguiendo patrones prefijados, aunque la variedad dentro del mismo modelo sería algo normal, pero no tenemos ningún dato claro y preciso que avale esta idea. Los colores preferidos, por lo común de conseguir sus tintes, son el de Sierra (tonos marrones, tipo carmelita) y negro. Las mujeres utilizaban los mismos colores marronaceos de la bayeta para saya y chaquetilla, en los manteos había más variedad de color, siendo los rojizos (pardos), naranjas y amarillos los predominantes, todos ellos de la misma gama cromática (el color verde es más utilizado en Trasmiera, no tanto aquí.

Hay que determinar que el traje campurriano que está pasando por “típico” o regional es el de los aldeanos, los de condición más humilde, por eso el traje tiene que ser sobrio, sin ningún alarde técnico y decorativo especial, para encontrar esto nos tendríamos que referir a los trajes pasiegos, mucho más adornados (un traje pasiego a mitad del siglo XIX costaba 6000 reales), o bien a las vestimentas de los hacendados y señoritos; pero si hablamos de este caso, no tendríamos que describir el traje típico campurriano, sino el que imperaba en esos momentos por cuestiones de moda (sombreros, chaquetas, paños de pana más finos, zapatos, vestidos de gasa, capas, etc.). Hay que tener presente que por mucho que los campurrianos “quisieran aparentar” con sus trajes, nunca iban a emular a los “ricos” en sus vestidos, ni siquiera imitarles, ya que los que marcan la diferencia son los más pudientes, y éstos no se dejarían “imitar” por personas de mucho menor peso social que ellos. Durante el siglo XIX esta diferenciación social se hace más patente; tal vez en el siglo XVIII, la moda no era tan clasista y ambas clases sociales vistieran parecido, sobre todo porque el trabajo de confeccionar el traje se desarrollaba en una economía familiar preindustrial, aún así, las diferencias sociales se marcan con elementos visibles, joyas, telas compradas en ferias alejadas del valle, pañuelos de seda importados, pañoletas, botones de plata, pendientes, collares de coral etc.(no obstante todo el pueblo se conocía y era difícil aparentar. Entre los “aldeanos”, habría familias que lucirían unos paños más finos, esto se empieza a dar a mediados del siglo XIX, para a finales del siglo abandonar el traje campurriano por otra moda).

Nuestro traje regional pertenece a clases populares, el traje de fiesta que vamos a describir es una aproximación al traje que los ganaderos, campesinos, jornaleros se ponían cuando iban a misa, a una romería cercana o de otra zona, (así marcaban diferencias) o cuando asistían a un entierro o una boda.

El traje femenino
En traje femenino de Campo se compone de varias piezas, no obstante alguna se puede suprimir, según los días de calor o frío, o la importancia de la festividad. Lo normal es que la vestimenta no tuviese muchos adornos, era más bien sobria, sólo en los complementos se podía lucir más el gusto o los ahorros. Las prendas básicas eran:
Camisa, normalmente era de lienzo vasto y larga, mangas anchas con pliegues en el hombro y las mangas, donde se estrechaba más y se ataba con presillas con un botón de pan de malva o de confite. Como la camisa de diario, ésta sería de corte cuadrado.

Para cubrir la camisa vestían un Corpiño con cortes por delante y detrás, para ahuecar en la cintura el grosor de la saya. Podía ser de muchos tejidos, paño, estameña, bayeta, etc., para abrocharle utilizaban cordones que se ceñían a la cintura, el color debió de ser pardo por los materiales que utilizaban.

Encima de estas prendas la campurriana utilizaba una Chaquetilla de pardomonte (paño ordinario) de dos tonalidades, o marrón o negro, dependiendo como fuera la saya, esta prenda al igual que el corpiño se ajustaba a la cintura y dejaba ver, porque no se ataba, el pañuelo. La chaquetilla podía adornarse con cintas de terciopelo en la parte de la cintura y los puños, la manga ancha por la parte superior (para dar más juego a los brazos), y se estrecha, como la camisa, en la muñeca, se ata con dos botones de hilo en forma de confite, la chaquetilla en momentos de frío se ataba con broches hasta la altura del pecho. Si no utilizaba chaquetilla se ponía pañoleta por encima de los hombros, atada y ceñida a la cintura, sobre todo en días de verano.

La Saya era del mismo tejido que la chaquetilla y del mismo tono (predominio del marrón y negro) para darle forma, se ajusta con tablas en la cintura y se amplía su vuelo hasta los tobillos. En los bajos se adornaba con la misma cinta de terciopelo que en la chaquetilla, lo que solía variar es la anchura de la franja de terciopelo. En la zona central de la saya habría dos lorzas o dobladillos para adornar. Bajo la saya podría ir un manteo de paño más fino en verano y de paño más grueso en invierno (a no ser que el manteo tuviera mucha longitud y se diese dos vueltas), esta costumbre de utilizar varios manteos no debe significar categoría social, ya que esto se consigue con adornos visibles, pendientes, collares, mantones importados, etc., el manteo nunca se dejaría ver (sería indecoroso), sino que actuaría para que no se pegase la saya a la camisa y la diese un poco de realce, los manteos serían los sustitutos de la saya en las labores diarias, y no para los días de fiesta, los colores de esta prenda serían rojizos, anaranjados y pardos, con alguna cinta de color en la zona inferior y con pliegues, para atarlos utilizaría broches. No utilizaba delantal.

Las piernas se cubrían con Medias que eran de lana, para los días de frío e hilo para los veranos, llegaban hasta la rodilla y se ataban con ligas de cinta.

Como costumbre en toda la zona norteña, se utilizaba el Pañuelo para cubrir la cabeza, en Campo existen dos formas de anudar el pañuelo, en los días calurosos se anuda en la parte superior dejando dos picos en forma de orejas y el resto caído sobre la espalda. En momentos de frío las campurrianas se anudaban el pañuelo bajo la barbilla, cubriendo así las orejas. Este pañuelo solía tener estampados y era el que podía marcar la diferencia económica entre los habitantes del valle, ser de seda, algodón, etc. El pañuelo dejaba entrever el peinado de las mujeres, que solía ser; recogido en una o dos trenzas con pequeñas cintas en las puntas, no irían muy adornados; o bien, recogido en un moño llamado “castaña”, sobre todo las mujeres casadas o las más ancianas. Las mujeres más pudientes para marcar diferencia utilizarían mantilla o mantón para cubrirse cabeza y espalda.

El calzado predominante en las mujeres eran los escarpines o el zapato bajo. Para atarlos utilizarían cordones que pasaban por agujeros que se ataban en la zona del empeine, o bien abiertos por los lados que se ataban con broches. Como complemento final las mujeres calzaban albarcas “de picu entornao”, y dependiendo de la zona, el pico sería más ganchudo, por Campo de Suso, utilizan la variante de “pico de cuervo” con el pico mucho más vuelto y una decoración a punta de navaja muy rica.

Las zonas altas de Cantabria son sobrias en el vestir, pero como aderezo solían ponerse gargantillas de coral con una cruz, pendientes, etc. En el aderezo se veía más la clase que en el propio vestido, éste por sí, no pasa de ser un “trapo” más o menos común en una zona, que después de un tiempo se ha institucionalizado como el “uniforme” de todos los moradores de un valle, aunque la variedad en el vestir debió ser tónica general (sobre todo los que importaban trajes de otras zonas).

El traje masculino
Los valles altos, Campo, Liebana, presentan en la indumentaria masculina una gran sobriedad, tanto en los tonos de los paños, como en los adornos del traje. El traje campurriano es el característico de una zona de montaña, tanto por su hechura, como por los materiales que emplea. Lo más característico es sin duda alguna la montera o “picona”, que por paralelos es muy parecida a la lebaniega, asturiana, incluso a la gallega.

El traje masculino campurriano utiliza paños de lana vasta, pardomonte, de color terroso, similar a los hábitos carmelitas, también se le denomina a este color de Sierra. El hombre utilizaba cinco piezas, más los complementos.

La Camisa estaba confeccionada en lienzo de lino, era muy larga, caía hasta las rodillas con dos grandes faldones que se recogían entre las piernas como pañales. La hechura de la camisa campurriana presentaba un cuello alto, casi hasta el nacimiento de la oreja, con los picos salientes, y de tela más fina (al igual que en los puños y pechera). Solía estar abierta hasta el pecho y en esta zona presentaba unos pliegues pequeños. La manga amplia que se va estrechando hasta llegar a la muñeca, donde se ata con un botón en de hilo en forma de confite.

La camisa es tapada por el Chaleco, que al igual que el resto del terno, es de paño burdo. Una característica del chaleco y chaqueta en los valles altos son los cuellos altos y las solapas triangulares. Este rasgo distintivo está presente en los chalecos de Campo. El chaleco siempre esta abotonado. En los dos costados presenta un bolsillo sin cartera. La parte trasera del chaleco se ajustaba a la cintura por dos sistemas: en épocas más antiguas, siglo XVIII, se utilizaría dos piezas de tela con ojeteros que se ataban con cordones; y posteriormente, en el siglo XIX, cambiarían los ojeteros por trabillas metálicas. Los botones serían de hilo recubierto con paño, o de plaquetas metálicas para los que sobresalían económicamente.

La Chaqueta campurriana estaba confeccionada del mismo paño que chaleco y calzón. No estaba entallada, y por las sisas era más amplia, para dar juego al brazo. Por detrás llegaba hasta la cintura y por la parte delantera era un poco más larga. El cuello y solapas son amplios, éstas últimas en forma triangular, que subidas hasta arriba protegían del frío. La chaqueta se ataba con botones, iguales a los del chaleco, pero más grandes. También tenía bolsillos sin cartera a ambos lados.

Los Calzones o bragas eran de pardomonte. Cubrían hasta las rodillas, donde tenía unas aberturas que se ataban, ajustándose a las rodillas, con botones en el siglo XVIII y posteriormente con presillas, al igual que el chaleco. El calzón es de alzapón, con trampilla que se ata con ojeteros en la zona interior. El alzapón se ata con varios botones de hilo recubiertos del paño (solía tener bolsillos en la zona de la trincha). Imaginamos que tanto las presillas como los botones, eran también de fabricación casera; dentro de esta sociedad rural, alguno pudo tener trabillas de plata y botones de plata o metal dorado, lo característico sería la sobriedad y la sencillez. Como único adorno, una cinta negra cubriendo los pespuntes de la pernera, esta cinta también se repite en las bocas de la pernera.

Las piernas hasta las rodillas las tapaban con Medias de lana, atadas con cintas, o bien más arriba de la rodilla y atadas con las presillas del calzón.

El calzado campurriano presentaba dos variedades, Zapato bajo atado fuertemente en el empeine con dos carteras que se solapaban, estos zapatos eran más difíciles de conseguir en estos valles. Lo normal son Escarpines de lengüeta alta, con suela dura y albarcas de “pico entornao” sin tarugos y con clavos o variantes “pico cuervo” en Campo de Suso, albarcas “mochas” o pastoras, “piconas” con un pico más pronunciado o las “mochas de clavo” más romas.

Lo más distintivo del traje campurriano es la Montera o picona esta confeccionada del mismo paño de pardomonte que el resto del traje. Como dijimos en otro apartado, es de un gran altura de unos 30 cm. acabada en punta, para mantenerla pinada se utilizaba engrudo. Esta montera presenta un ala en su frente, de forma triangular y de diferente color y material, en cuyo vértice se cose una borla de hilo al igual que en la zona superior, (también existe esta ala en la parte trasera, de la misma forma que la situada al frente). Los laterales se adornan con una cinta negra que cubren las costuras. Para atarla se utilizaban cintas que anudaban bajo la barbilla. Cuando el clima era riguroso, las alas de la montera bajadas cubrían las orejas.

Como complemento indiscutible el “palo pintu”, distintivo como acompañante de casi todos los trajes regionales de la mitad norte de España, que estaba decorado con grabados o al fuego con calostros que dan un aspecto negro a la madera.

TRAJE TÍPICO DE LA ISLA DE IBIZA EN ESPAÑA

Las Islas Baleares poseen un rico acervo cultural, que se manifiesta a través de danzas y canciones tradicionales de una gran personalidad, interpretadas en ocasiones especiales (festivales, fiestas patronales) por hombres y mujeres, como la de la imagen, ataviados con trajes típicos caracterizados por su riqueza ornamental y su colorido.

TRAJE FLAMENCO

El flamenco es una modalidad de baile y música en la que los movimientos de pies, manos y brazos son muy precisos, aunque los bailarines tienen que saber improvisar dentro de una estructura fija. El flamenco puede bailarse en grupo o en solitario. Aquí vemos a dos bailarinas acompañadas por música de guitarra.

El traje consta de un vestido estampado, de mangas tres cuartos con boleros y encajes en los bordes, la falda tiene una terminación con boleros y pliegues de distintos largos y con encajes en los bordes, las mujeres llevan el cabello recogido y usan abanico.

Traje típico de Cantabria en España

Te acuerdas – Trajes tipicos de España

Responses

  1. Veo que dedican una gran extensión para hablar del traje cántabro, muy loable de su parte. Sin embargo, solo aparecen fotos de trajes de flamenca, que sólo se utiliza en Andalucía, y particularmente en las ferias, de las cuales, las más conocidas son las de Sevilla y Jerez, ambas ciudades andaluzas. Sin embargo a este traje le dedican un comentario escueto y bastante impreciso:las faldas no tienen boleros, sino volantes, las mangas son de distinto tipo, las telas pueden ser lisas, estampadas, con lunares, a cuadros, … Es un traje folclórico, pero vivo, es decir, sujeto a modas cambiantes cada temporada. A veces corto, a veces largo, distintos tejidos, distintos modelos según la hora del día, el lugar (feria, romería, …). Pero las andaluzas no nos vestimos habitualmente con este traje, sólo en las ferias, y por supuesto, no todas las mujeres lo usamos. Así que, por favor, vamos a dejarnos de tópicos y a tratar con más respeto las costumbres de los pueblos. Si quieren hablar en serio de algún tema, antes documéntense bien.

  2. Lola, hija, tampoco es que los hombres españoles vayan por ahí vestidos de titiriteros.
    Ponen fotos de nuestras abuelas (son unas fotos muy viejas) porque, desgraciadamente, en el resto del mundo opinan que nuestro traje regional es usado en toda la geografía española (tal y como piensan que los hombres van vestidos de torero, o titiritero como el chico de arriba) pero, ni mucho menos!!Tan solo es el más estrafalario, incómodo, caluroso, …
    Bueno, voy a prepararme el mío que el sábado empieza la feria en Córdoba!!


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